DESTREZAS

lluviaVivo con la destreza de saber extender el tiempo. Puedo, por ejemplo, lograr que un día tenga más de veinticuatro horas.

También puedo, si me lo propongo, vivir una vida completa de principio a fin en una sola canción. Y sé contener en los ojos, el caudal de un río llamado tristeza sin derramar una sola gota.

Sé administrar emociones para no desperdiciarlas y también cuando es el momento perfecto para dejarlas salir y correr sin que se detengan.

Construir silencios con los muros bien altos y construir sus paredes de tal forma, que solo la gente correcta pueda interpretar lo que lleva.

Soy capaz de levantarme sin piernas y ponerme de pie, solo con la frente en alto. Sé muchas cosas y me gusta invertir mi tiempo en aprender cosas nuevas.

Vivo con la destreza de saberme mover con suavidad a pesar de las peores tormentas. ‘Bailar sobre la lluvia’, le llaman.

Vivo con la destreza porque desde el minuto uno que abro los ojos, sigo aprendiendo de todo lo que rodea.

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2017

Este 2017 tengo tanto qué agradecer, que un año no será suficiente.

Esta fue una etapa de mi vida en la que tuve la oportunidad de crecer mucho más y muy, muy rápido. «A veces, uno no conoce lo fuerte que puede llegar a ser hasta que ser fuerte es la única opción que nos queda».

Pasé de vencer miedos que siempre evité, a caminar entre el miedo y aprender más de mí y de ellos para levantarme todas las veces.

Le di voz a mis palabras, imagen a los textos que escribo y en esta ocasión, traspasé la barrera de las letras y los ojos para mirar de frente a una cámara y a pesar de intimidarme, quedarme y explicar el porqué accedí a salir del anonimato para sostener en persona cada una de mis palabras.

Crecí en silencios pero también en afectos. Elegí mejor qué compartir al mundo y qué callar, porque el mundo necesita más positivo que negativo. También necesita presencia y compromiso.  Me quedé donde mucha gente eligió llorar, huir, quejarse o lamentarse.

Me quedé por miles de extraños, por un puñado de conocidos y por gente que jamás conoceré.

Abracé, arropé, curé, acuné y enseñé. Aprendí a confiar en desconocidos y ellos a confiar en mí. Aprendí de mucha gente a la que me gustaría dar las gracias personalmente y también un abrazo. Recibí vida nueva que también es un pedacito de mí en este mundo y me iluminé con ella. Me sacudí los miedos y comencé a ser su amiga. A enfrentarlos sin excusas, a tener la mano fría y dura cuando fue necesario pero con el corazón intacto y cálido para seguir amando. Me propuse escuchar más porque este mundo está saturado de opiniones y necesita escuchar mucho y juzgar menos. Abracé sin que me lo pidieran, porque a veces gritamos un abrazo en silencio sin que nadie nos escuche.

Comencé a manipular el tiempo de tal forma que logré que el día me durara más de 24 horas.

Abrí mi corazón con las personas indicadas y desbordé mi dolor como en pocas ocasiones he podido conseguirlo. Dormí poco pero con el sueño en paz y tranquilo. No recuerdo muchos de mis sueños por cansancio, pero otros, en cambio, fueron tan reales que desperté llorando. Tuve sueños de colores, con olores a personas que amo, extraño o amé. Sueños a futuro y resultaron ser los más atractivos e interesantes.

Sonreí más que el año pasado y aunque salí menos, viví más. Volví a pensar en el amor de una forma diferente; sin dolor, o nostalgia y sí volví a sentirlo en mi corazón a tal punto, que deseo que regrese a mi vida y se quede para siempre. Me gustaron personas, les gusté a personas, sonreí mucho y me sonrieron de vuelta y aunque nunca he odiado a nadie, me desintoxiqué (como cada año) de todo lo que se fue convirtiendo en una piedra en el zapato.

Soltar no me cuesta nada, pero sí cuesta trabajo tratar de alcanzarme. Trabajé en ello y me quedé cerca de la gente que ha logrado tocarme de muchas formas con su vida, corazón, enseñanza y aprendizaje. Gente que admiro, amo o respeto y recibo reciprocidad de su parte.

Solté lo que ya no cabía en mi vida porque le quedaba chico y salté  tan alto que en lo espiritual, personal, emocional y profesional aprendí mucho.

Soy una mejor versión mía que el año pasado y espero tener la oportunidad de seguir creciendo en años, experiencia, amor y vida. Ese es mi objetivo principal.

Quiero seguir sumando porque multiplicar se me da muy bien y no descarto seguir restando porque es bueno cada cierto tiempo, crear nuevos espacios y depurar otros que nos permitan integrar todo aquello que necesitamos para seguir creciendo y convertirnos en mejores personas.

Este año no tuve tiempo, más bien no invertí tiempo en nostalgia alguna. No siempre se puede evitar la tristeza pero me puse de pie cada día con la esperanza de tener una oportunidad de transformarla en algo nuevo o bueno y sucedió.

No me desgasté en rencores, es más, no albergo alguno. Quitan el oxígeno a las risas y este año, sí reí mucho más que el anterior.

Evité hacer comentarios que no me pidieron y opinar en espacios que no son míos. Usé los propios para exteriorizar puntos de vista personales solo de las cosas que viví en carne propia o me constan de primera mano.

Como les dije, un año no es suficiente para agradecer tanto, y espero el año que viene, tampoco nos alcance para agradecer mucho más.

2017, te llevaste personas, pero también me quitaste miedos y me dejaste esperanza y fortaleza para recibir otro año más.

GRACIAS.

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Quiero que sepas

Quiero que sepas que aunque a menudo pienso en ti, ya no es con la intensidad de antes.

Verás, así sucede cuando sabemos que amaremos a alguien para siempre y sin embargo aceptamos que vive en nosotros y forma parte de nuestra vida aunque nunca más podamos volver a abrazarlo de nuevo.

Te mentiría si dijera que no extraño nuestras largas charlas, o cómo llegaste a compartirme cada detalle nuevo que hacía que se te iluminara el rostro y yo era feliz sintiéndome parte de esa luz interna que te brotaba de los ojos.

Tampoco quiero mentir y decir que las cosas son mejores porque no es cierto. Son diferentes y hay tantas historias nuevas y buenas que te has perdido que cuando llega mi melancolía y quisiera hacerte parte de ellas, recuerdo que estás en un lugar diferente donde por alguna razón pienso y creo que no te pierdes de nada; que sabes todos los detalles e incluso tienes mucho que ver en ello.

Quiero que sepas, que aunque a menudo piense en ti, he vuelto a sonreír. No porque me lo enseñaras, sino porque nunca permitiste que se me olvidara.

MIDNIGHT IN PARIS

Mi casa en un momento surrealista.

A un día de cumplir un sueño y año más de vida, me puse a ver por fin una de las películas más bonitas del mundo. ‘Medianoche en París‘ de Woody Allen.

Un canto acústico a la ciudad más hermosa de Francia; donde la poesía visual, intelectual y sofisticada de Woody Allen, logran amalgamar una continuidad exquisita de diálogos enriquecedores.

Al parecer, fui la única loquita que se emocionó como Modigliani, Picasso, Zelda y Francis Scott Fitzgerald, y varios de los grandes escritores de los años 20’s, junto con Buñuel, Dalí y hasta los Nenúfares de Los Jardines de Monet se fusionaron en una sola cinta.

Nadie pareció entender la exquisita obra de arte en fotografía entre mezclada en distintas épocas de la historia. Yo sí, y cuando voltee a sonreírle a mi familia, ahí estaba el cuadro más exquisito de todos; ellos durmiendo silenciosamente a mi lado pero sin dejarme de hacer compañía.

Tal vez no entendieron la película y no importa, ellos eligieron verla conmigo y no irse a ningún otro lado.

Una estrellita especial para la dulce Elena, que se arrulló con la música más linda y relajante de la peli y a mi bello Kai, quien enfermo prefirió estar hecho bolita en un sillón junto a mami que estar viendo caricaturas.

Los mosaicos surrealistas de Monet, Picasso, en la profundidad de los ojos de Modigliani y los mares celestiales de Vincent van Gogh de la mano de los escritores más famosos de todos los tiempos, se concentró en mi sala. Entonces lo supe. Mi momento no pudo ser más perfecto.

A lo lejos, nadie pensaría que mi casa es un sitio de sueños donde crece el amor y se extiende desde diferentes puntos y distintas personalidades.

Mi hogar es surrealista y hoy entiendo más que nunca por qué amo profundamente a mi familia y no la cambiaría por nada.

 

Mom. 

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Aparentes distracciones

Gente como yo, no va distraída por las calles; es que nosotros vemos una casa de los SIMS en cada esquina, un árbol boxeador a media calle y un río peligroso en el charco de una banqueta.

No sé qué tan normal sea eso para la gente promedio. Lo que sé, es que cada paseo es un cuento, una historia o en lo que queramos convertir la memoria de un niño.