Desconexión

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El cuerpo humano tiene formas extrañas de desvincularse  de lo que le sobra o hace daño; como por ejemplo los ojos. Estos, lloran cuando un agente externo se instala en la retina y desde ahí, nos purifica y libra de aquello que nos lastima.

Quiero pensar que lo mismo sucede con la memoria. Solo que hoy tengo miedo; porque no recuerdo si lo que me lastimaba, fue o sigue siendo importante para mí.

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8 de Junio

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Yo, que creí estar sola, no me di cuenta que traía en la espalda un murmullo de sombras.

O que caminando en silencio, arrastro en los pies microcosmos de tierra.

Y cuando quedo sin voz, se despiertan mis manos y me hacen ruido las letras.

La vida no es más que cristales de arena.

Los cristales se rompen y letras los pegan.

Los espejos se forman, las promesas se hacen

los peldaños se suben y los sueños se cumplen.

Yo, que creí estar sola, no me di cuenta del ruido que causan mis pasos.

Que el silencio sí grita para los que están escuchando.

Que la música de fondo no es la misma que se está interpretando.

La vida no es otra cosa que un espejo biselado.

Y el reflejo se extiende infinito cuando está equilibrado.

O que el mar no es más que una sábana

que de noche se pone a contemplar todo el cielo.

Yo, que creí estar sola, no presto atención a lo ancho por  andar distraída a lo pequeño.

Que el amor sí cabe en la palma de la mano 

cuando aprietas fuerte a quien te está sujetando.

Que el cielo se viste cada día para quien se toma el tiempo de contemplarlo.

Y se desviste para quien logra descifrarlo.

Que las estrellas existen cuando nace un deseo

y los deseos se cumplen para quien continua creyendo.

Yo, que a veces pienso que estoy sola, siempre me pongo en los zapatos del mundo

aunque prefiera ir descalza la mayoría de las veces.

Que puedo continuar mi existencia sin la mayoría de la gente

pero no significa que deje de extrañarlos cuando necesito un abrazo.

Yo, que a veces pienso… estar sola

y la vida me grita que el amor me sigue buscando.

 

Como el agua

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Te narro porque eres mi lectura favorita y no pareces notarlo. Te observo como levitando; ensimismado platicándole al viento. A veces creo que cuando vas caminando no notas que tus pies apenas y tocan el suelo.

Eres el libro que no acabo de leer porque no quiero que termine.

Absorto y sereno, pienso en el equilibrio perfecto de tus ojos profundos y la suavidad de tus manos.

Imagino cada historia que construyes en tu mente y me pregunto si en ellas quepo, floto, río o lloro.

Me distraigo porque no imagino una imagen mía en tus ojos con mis ojos tristes y descarto. Como se descartan postales que no quieres mirar porque te inunda la tristeza o te arrancan un suspiro sublimado.

Vuelvo a observarte y robo pequeños momentos que convierto en destellos. Los guardo porque en un día triste salen de mi caja de memorias para iluminar una tarde gris o llenar de calidez mis hombros cuando extraño tu ausencia.

La casa me parece enorme cuando no estás y se llena por completo con tu sola presencia.

Mis pasos sin ruido, mi voz sin lamentos, la esquina donde miro todas las noches antes de dormir rendida sabiendo que tu respiración está cerca y me siento y te siento a salvo.

La música que arrulla mis oídos con un abrazo y el beso que me das e indica que el sol esta vez despierta con una sonrisa soñando.

Me pregunto qué hice o por qué merecí tanto. No me siento extraordinaria pero te miro y pienso que si pude crearte lo extraordinario está justo frente a mí y me siento importante.

Te vuelvo a mirar y cierro los ojos nuevamente. El destello.

Es tu rostro, tu silueta delgada. El espacio tan amplio de tus ideas, la capacidad tan grande que tienes de crear y cuando hablo de crear creo que tú ni siquiera te das cuenta de que creas armonía de la nada. Que construyes días perfectos, noches completas y tu corazón donde todo comienza, se ensancha. El mundo aparece, los árboles crecen y la vida hace magia.

Como el agua.

Quien abraza mis manos cuando se suelta. Quien se esconde cuando encuentra una grieta y se filtra para no ser encontrada.

La que apaga su sed, te devuelve la vida y comienza a llover cuando se le escapa una lágrima.

 

CARTA ABIERTA

 

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Querido Millennial:

Como tú, en un tiempo de mi vida creí saberlo todo. También como tú, creí que tendría todo el tiempo del mundo y estaría girando siempre a mi alrededor. Tuve una época en la que me desboqué sin preocuparme en las consecuencias. Llegué a una etapa de confusiones, rebeldía e incluso llegué a pensar que personas mayores que yo eran obsoletas o no lo sabían todo.

Me creí conquistador del mundo y supuse que muchas cosas podrían conseguirse con el chasquido de mis dedos.

Viví de prisa cuando hoy, a la edad que tengo, me habría gustado escuchar más a los adultos cercanos a mí para tomarme las cosas con más calma. No porque estuviera mal vivir rápido, sino porque cuando inviertes tu tiempo de forma inteligente, se disfrutan más los momentos, experiencias y personas.

La vida intentó decirme de muchas formas que lo mío era algo transitorio llamado juventud y crecimiento. Que el tiempo no me daría la razón a mí sino a ella. Que podía aprovechar mejor mi energía en cosas positivas y crecer con ellas en vez de desperdiciarla en berrinches o quejas.

Que el trabajo cuesta y mucho. Que sí importa la experiencia mucho más que los conocimientos y que para tener experiencia hay que empezar por algún lado.

Que nos equivocaremos muchas veces y si en verdad somos revolucionarios de corazón, nos levantaremos de cada caída, tropiezo y error. Algunas veces quejándonos y otras no. Se llama crecer.

Que aprenderemos a perdonar y en algún punto y reconoceremos que la soberbia no nos lleva a ningún lado. Al contrario, nos aísla.

Quisiera decirte tantas cosas pero pensarías que soy necio y pasado de moda. Que tú tienes la respuesta y la verdad es que sí, prefiero que seas tú quien se encargue de descubrirlas.

A esa etapa nosotros le llamamos experiencia y cuando llegues, deseo de todo corazón que te des un fuerte abrazo, perdones de ti lo que tengas que perdonar y sigas caminando.

Que sonrías mucho recordando lo bonito que fue crecer a pesar de cada piedra que se cruzó por tu camino y te sientas satisfecho con cada una de las decisiones que tomaste.

Exígete bien y mucho.Te prometo que no te arrepentirás cuando descubras hasta donde serías capaz de llegar.

Ama, descubre, abraza, aprende, perdona y suelta. De eso trata la vida y si tienes tiempo, sonríe y descansa lo más que puedas porque te hará falta para sostener los días difíciles.

Convierte la felicidad en un camino más que un destino. Disfruta el hoy pero no dejes de pensar en todo lo que harás mañana para construir y aportarle al mundo algunos de tus sueños.

Con amor.

Alguien que estuvo en tu lugar y quiere lo mejor para ti.
GENERACIÓN X.

Escribir es de esas cosas que solo realizamos los que estamos locos. Los que estamos dispuestos a que sin previo aviso, estas ideas nos lleguen e inunden la cabeza amenazando con salir derechito a la tinta o explotar mientras desaparecen en el limbo.

La belleza de la inmortalidad

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¿Sabes que soy como esas olas que no van a quedarse?

Porque aunque me veas ir y venir tantas veces que imagines que un día por fin llego a la orilla de la playa, eso no será posible.

No sabría cómo quedarme sin convertirme en espuma y desvanecerme en la arena. Es por eso que las olas son eternas. Su eternidad consiste en que nacen en el corazón del mar y van y vuelven, viajan lejos pero su hogar habita en sus profundidades.

Tal vez por ello no crea en los finales felices. Porque la felicidad para mí son reflejos cortos que si tenemos suerte, nos tocan.

Y aunque sé que puedo aprender a crear reflejos,  ninguno es tan hermoso y genuino como los espontáneos. Los que llegan como olas y no se quedan, viajan y así van llevando su luminosidad a todas las orillas de la tierra.

Es ahí donde nos toca quedarnos quietos y flotar el tiempo que dure para guardar ese momento feliz en lo más profundo de la memoria para los días tristes.

Son esos momentos luminosos, estos destellos, los que sostienen un mal día; por eso hay que aprender a diferenciar los mejores. Son los únicos por los que vale el temor de correr el riesgo porque aunque sabemos que se irán, podemos perpetuarlos de forma infinita.

Como el amor, que aunque no existe en finales felices por su naturaleza de olas, podemos lograr que una sola permanezca meciéndose continuamente en el corazón. Como el aleteo de una mariposa o una rosa infinita.

Que permanecen eternas, vivas, intocables e inalterables en la página de un libro o un poema que convierte ese amor en poesía.

Y así soñamos continuamente; con ser inmortalizado de esa forma. La única que logra que el amor perdure para siempre a pesar del tiempo, los cambios y nosotros mismos.

Amado y amando un poeta, que somos como olas que jamás permanecen mucho tiempo en la orilla pero vamos y venimos tantas veces en un recuerdo, un sueño o el beso de alguien que nos hace sentir que por un instante fuimos capaces de despegar los pies del suelo.