Singularidad

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Desperté y los laberintos seguían ahí. Me senté a observarlos con curiosidad en medio de la hierba y fue donde descubrí que se trataban de escaleras.

Ahí en medio de esa maraña de ramas torcidas y tentáculos de rosas que nadaban hacia muchas partes estaba el sol apuntando al paraíso.

Un claro lleno de caos e imperfección que danzaban en armonía. La perfección nunca antes tuvo tantos errores y accidentes que al adaptarse al entorno se hizo fuerte.

Cuánta belleza andamos derrochando por ahí asumiendo su fuente inagotable de hermosura. Cuanta más es desechaba sin mirar que entre sus curvas y fallas se encuentra algo único llamado singularidad.

Bosques creados de la nada por la mano natural de Dios. Jardines recreados en busca de encontrarse con el paraíso que una vez perdimos.

Ahí estaba, en medio de esa maraña y no reparamos en las manos cortadas, en el enjambre que se convirtió nuestro pelo, ni las ropas rasgadas.

Se levantaba única e imperfecta. Aunque arañada por la mano del hombre nunca perdió su luz y color. Envuelta en su cúpula de árboles revueltos de viento que nunca impidieron la entrada al sol y al mismo tiempo el camuflaje perfecto de un escudo de armas forjado de heridas y lágrimas llamado, Fortaleza del corazón.

 

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FELICIDAD (Carta a un padre primerizo)

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Voy a leerte, cómo suena la felicidad.

Llega de forma inesperada. Muchas veces nos sorprende cuando nos abraza por la espalda y nos susurra sentimientos que aún no digieres pero inician con una revolución en la panza.

Tiene tintes de silencio a medida que reflexionas en tu futuro inmediato y empiezas a notar cómo se forman pequeños nudos en la garganta que emocionado vas desatando. Cuando ríes de forma nerviosa porque tienes miedo pero un miedo bonito porque sabes que en corazón siempre hay espacio suficiente para amar más porque crece y se ensancha.

Cuando miras a los ojos a tu esposa y no puedes creer que te haya elegido de entre todos los hombres y encuentre todos los días motivos para sonreírte y mirarte profundamente enamorada. Cuando la contemplas y te contempla, y con los ojos dicen todo lo que sienten sin necesidad de palabras.

Cuando tocaste su vientre la primera vez que te supiste padre y lo viste crecer, amando la pequeña vida que tomaba forma por dentro. Sus patadas y movimientos. Cada antojo que cumpliste al pie de la letra como la maternidad te demandaba.

Cuando sostuviste por primera vez en tus brazos la luz que llegaría para iluminar con más fuerza tu existencia. Y cuando te buscaste en sus ojos y reconoció tu voz pero ahora tenía un rostro para asociarlo con todo el amor que recibió en su estrecho universo de agua.

Cuando la oliste por primera vez y supiste que su olor te resultó el más exquisito de los perfumes. Cuando la bañaste y sentiste su fragilidad en tus manos mientras jurabas en silencio que jamás permitirías que alguien le hiciera daño. Cuando reconociste gestos y similitudes con la mujer que amas e incluso nos viste a nosotros en ciertos rasgos de su rostro.

Cuando te pierdes largo rato mirándola y piensas que crece muy rápido y del tiempo salen alas y no puedes evitarlo.

La felicidad llega casi siempre trayendo vidas nuevas sin imaginar quién será el siguiente que tocará tu corazón y te descubrirás enamorado de más de una persona al mismo tiempo.

Llega con cambios de escenario. Comienzos nuevos, retos que te están esperando, sueños que se cumplen y comienzas a darte cuenta que un día no nos alcanza para tanto.

Con la certeza de saber que no importa cuánto dure, el mundo ya no es el mundo que conocimos antes, sino el que comienza a partir del minuto que das ese primer paso.

Llega, como llegaste tú a mi vida a cambiarlo todo y descubrir que el mejor trabajo del mundo comenzaría por ser tu madre.

Gracias por hacerme feliz cada día que yo espero haberte hecho feliz casi todos los días de tu vida.

 

Te quiero profundamente.

Mamá.

PRODUCTOS BÁSICOS

Ten una despensa—, le dije.

Así te aseguras que aunque falte el dinero, siempre podrás contar con algo con lo que podrás alimentarte hasta que las cosas mejoren.

Él, entonces, tomó un puñado de recuerdos, una caja de su cereal favorito y un cartón de leche con amplia caducidad.

Creo que con esto es suficiente.

Lo miré extrañada y me explicó.

La peor hambre que he conocido, solo aminora cuando pienso en ustedes mientras como un plato de cereal con leche.