En tierra fértil

Vivimos en un mundo en donde nadie quiere comprometerse pero al mismo tiempo necesitan asegurarse de tener un vínculo único con alguien. No comprendo esa necesidad de marcar territorio en terrenos que nunca se han pisado. O jugar con la idea de propiedad por la que no se han invertido algunos riesgos. En estos tiempos tan volubles, resulta ridículo esperar que algunas cosas no cambien y al mismo tiempo pasar por alto las formas.

Alguna vez alguien me comentó que tenía permitido seguir siendo yo sin ningún problema y el punto es que no necesitaba de su permiso para hacer algo que he venido haciendo pero es que él sí sintió la necesidad de dejarlo muy en claro.

Comentarios así de personas que coquetean en la línea de lo que no son ni quieren llegar a ser o tal vez sí pero no mueven un dedo para merecerlo.

¿En qué punto las líneas invisibles que no se traspasan, otorgan los derechos de asumir que estamos o somos algo en la vida de alguien que no tenemos cerca? E incluso, aunque lo estemos, si no nos han abierto la puerta.

No lo entiendo y hace mucho dejé de intentar entender. Es el tipo de situaciones y personas por las que sigo de largo sin mirar. No me gusta sembrar terreno en donde no existe voluntad o compromiso. Donde no hay transparencia ni apertura. Donde las cosas no fluyen de forma natural y el ambiente se torna denso, incómodo y raro.

Se sabe que para que la tierra dé fruto se necesita algo más que esperar que las mejores flores crezcan solas.  Qué sencillo es para la gente asumir que un buen terreno lo es todo. Pues bien, soy el tipo de terreno fértil donde pueden nacer mil rosas e invadir el suelo de verde. Del que da árboles con suficiente sombra y frutos para que nadie pase hambre. Pero esa magia no sucede sola. No soy un bosque a la venta, ni siquiera uno abierto al público.

Soy terreno fértil que de pronto siembra flores, en el que casi siempre encuentras frutos y sombra. Mucha sombra al pie de los árboles de mi memoria. De la experiencia. De la forma de ver la vida y verla de frente sin esconderme; pero en el que rara vez entrarás si no te invito a pasar y en el que no te quedarás si no estás dispuesto a trabajar conmigo para seguir embelleciéndolo.

 

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Si te quedaras

Si te quedaras esta noche, te contaría quedito cómo logra la lluvia ponerme muy cariñosa.

Si te quedaras, todos nuestros susurros se convertirían en el coro del agua que corre afuera.

La lluvia entraría por el sabor de nuestras bocas y correría entre nuestras piernas como cuando inunda la calle.

Si te quedaras, la noche cerraría los ojos y sus nubes romperían en suaves lágrimas.